Imagen relacionadaLa red de espionaje del Vaticano, uno de los países más poderosos del mundo, no dispone de un nombre sonado;  el investigador Nino Lo Bello la denomina con cierta reserva “Sodalitium Pianum” y otro investigador, Eric Frattini, la llama “la Entidad”. Otros la enfatizan como “Pro Deo“ (Por Dios). En sus orígenes se llamó la “Santa Alianza” y el papa Pío V (1566-1572) la usó para combatir el protestantismo personificado en Isabel I de Inglaterra.  Al Servicio Secreto Vaticano hay que añadir otras redes propias de información como la Jesuita o la del Opus Dei.

El agente de la CIA, E. Howard Hunt, aseguraba que “ellos consideran y admiran a la Orden de los Jesuitas como el más grande Servicio de Inteligencia y Espionaje del Mundo”.

En 1997 el parlamento belga incluyó al Opus Dei en una lista de “sectas peligrosas” aunque hubo de retirarla inmediatamente por las presiones recibidas. En América latina personajes como los ex presidentes de Colombia y Ecuador, Álvaro Uribe Vélez, y Gustavo Noboa, respectivamente, son miembros o colaboradores del Opus Dei. En España en la actualidad seis de los trece ministros del gobierno pertenecen a la red de esta prelatura de la iglesia católica, entre ellos los de defensa e interior.

Según el ex-jesuita Alberto Rivera -envenenado en 1997-,  la mejor fuente de inteligencia en el mundo hasta los días de hoy, es el confesionario Católico.

La colaboración del aparato de espionaje vaticano con otros servicios de inteligencia, en la actualidad, se inicia en la Segunda Guerra Mundial.  Según algunos datos, el Vaticano había trasladado a América Latina a 30.000 nazis. En 1945, el futuro presidente de Italia, Giulio Andreotti, se convirtió en el Secretario del Director del servicio secreto del Vaticano. A través de organizaciones cercanas al Vaticano se financiaban muchos partidos conservadores en muchas partes del mundo y dictaduras como las de Somoza  en Nicaragua, la de Trujillo en República Dominicana, Duvalier en Haití, las dictaduras argentina y salvadoreña,  etc.

En los años de 1980 con la llegada de Juan Pablo II al Vaticano se firma un acuerdo con la CIA mediante el cual, el Servicio de Inteligencia Vaticano, comienza a pasar información de lugares como Nicaragua, El Salvador o Guatemala a la CIA y ésta, a cambio, le ayuda a acabar con “la teología de la liberación”. En 1982 la compañía Bellatrix, propiedad de la Banca Vaticana con sede en Panamá vendió misiles Exocet a la dictadura argentina para la Guerra de las Malvinas; dinero que sirvió para financiar el sindicato “Solidaridad” en Polonia. El agente de la KGB, Oleg Tumanov, describió detalladamente en sus memorias como en el Seminario Ruso Católico en Roma (Colegio de Russicum) se preparaba para actividades destructivas en el antiguo territorio de la URSS.

El pasado año 2012 la Agencia Alemana de Prensa (DPA) tuvo acceso a miles de archivos secretos de la red de espionaje dentro y fuera de Chile en la que la policía secreta de Pinochet trabajaba estrechamente con el Vaticano. En Bogotá, Colombia, fue instalado un centro de vigilancia informatizado, conectado al Vaticano donde se registraban todos los datos y actividades políticas de los curas y religiosos latinoamericanos.

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