Imagen relacionada            John Reginald Halliday Christie (8 de abril de 1899 – 15 de julio de 1953), nació en Halifax, West Yorkshire, y fue un asesino en serie, de origen inglés, activo en las décadas de 1940 y 1950.

Esta persona asesinó a por lo menos seis mujeres, incluyendo a su esposa Ethel por estrangulamiento, en su apartamento en el 10 de Rillington Place, Notting Hill, en Londres.

Christie se trasladó fuera de Rillington Place en marzo de 1953, y poco después los cuerpos de tres de sus víctimas fueron descubiertos escondidos en un hueco en su cocina. Christie entonces fue detenido y condenado por el asesinato de su esposa, por el que fue ahorcado en 1953.

Mientras servía como soldado de infantería durante la Primera Guerra Mundial, Christie fue herido en un ataque con gas, que según él lo dejó permanentemente incapaz de hablar en voz alta. Se volcó a la delincuencia a raíz de su baja del ejército, y fue encarcelado varias veces, por delitos como robo y asalto.

En el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, fue aceptado para el servicio en la Reserva de la Policía de Guerra, aunque las autoridades entonces no verificaron sus antecedentes penales.

Los crímenes los cometió entre 1943 y 1953, por lo general por estrangulamiento de sus víctimas, después de haberlas dejado inconscientes con gas doméstico, y habiendo violado a algunas de ellas mientras los cuerpos estaban en esa condición.

Controversia sustancial rodea la responsabilidad de la muerte de Beryl Evans y su hija Geraldine, quienes, junto con el marido de Beryl, de nombre Timoteo, fueron los inquilinos del 10 de Rillington Place entre 1948 y 1949.

Timothy Evans fue acusado de esos dos asesinatos, fue declarado culpable del asesinato de su hija, y ahorcado en 1950. Entonces Christie fue un testigo clave de la fiscalía, pero cuando sus propios crímenes fueron descubiertos tres años más tarde, se plantearon serias dudas sobre la integridad de la culpabilidad de Evans. Posteriormente Christie también alegó haber matado a Beryl Evans, aunque nunca mencionó haber matado a Geraldine.

En una investigación oficial realizada en 1965-1966, el Juez (Sir Daniel) Brabin concluyó que lo “más probable” era que Evans hubiese matado a su mujer, pero no a su hija Geraldine. Estos hechos, que cuestionaban los sucesivos procesos jurídicos, impulsaron al Ministro del Interior a conceder perdón a Evans, a título póstumo, por el asesinato de su hija (octubre de 1966).

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