Parecía disfrutar de su compañía y se involucraba con ellas todo el tiempo; sin embargo a veces también las agredía, les robaba o asaltaba. Posiblemente le recordaran a su madre y las despreciara por ello. Pero esta relación enfermiza y su afán por relacionarse con ellas de todas formas, lo llevarían a tornarse más y más violento. Mantenía sexo con ellas, mientras las golpeaba o estrangulaba parcialmente. Muchas callaron estas agresiones… en parte, estaban acostumbradas a algunos clientes que gustaban del sexo poco delicado o más agresivo. Sin embargo, el sadismo de Unterwager iba en aumento. Amenazarlas y forcejear, lo excitaba… pero ya no le bastaba y comenzó a golpearlas con un tubo de metal.

Johann comenzó a perder el control y muchas mujeres del ambiente lo evitaban, pues conocían su reputación y temperamento violento. Pasó algunas semanas tras las rejas por dichas agresiones; sin embargo siempre terminaba saliendo en libertad. Pero todo cambió en 1974, cuando Unterwager comete su primer asesinato.
Barbara Scholz, una prostituta que conocía a Unterwager, lo denunció por el rapto y asesinato de una turista alemana llamada Margaret Shaeffer, de 18 años de edad. Según Scholz, Unterwager la convenció para que entraran en su departamento y le robaran un pequeño botín, ante lo cual ella accedió. Sin embargo, las verdaderas intenciones de Johann, eran raptar y abusar sexualmente de Schaeffer. Irrumpieron en el departamento y luego de atarla y llevarla hasta su automóvil, los tres se dirigieron hasta un bosque cercano, en donde Unterwager le ató las manos a la espalda con una correa y la desnudó para, posteriormente, exigirle sexo oral. La chica, espantada, se negó, por lo que Johann montó en cólera y comenzó a golpearla en la cabeza con un tubo de metal. Finalmente, procedió a estrangularla con propia ropa interior, ante una aterrada Barbara Scholz. Dejaron el cuerpo abandonado en mitad del bosque, cubierto por hojas secas, y huyeron del lugar.
Scholz no pudo con su conciencia y decidió denunciar a Unterwager pocas semanas después de ocurridos los hechos. Temía por su vida, temía represalias por parte de Johann; pero las imágenes de aquella chica muerta no la dejaban dormir.
La policía no tardó mucho en dar con Unterwager, pues tenía fama de ser un sujeto muy violento con las prostitutas de la ciudad. Para entonces, ya había cometido un segundo asesinato; pero eso no se supo hasta varias décadas después. Por ahora, Johann era solamente sospechoso de haber asesinado a la turista alemana.

Su conflictivo historial, relacionado con asaltos y agresiones a prostitutas principalmente, salió a la luz durante la investigación. Se confesó culpable de las acusaciones… literalmente se derrumbó ante la cantidad de evidencia en su contra y su única explicación ante lo que había hecho, era que se le había venido a la mente la imagen de su madre y que, ciego de rabia, estranguló a Schaeffer en un ataque de ira. Fue analizado por el psiquiatra Klaus Jarosch, el cual lo diagnosticó como un psicópata impulsivo, violento, misógino y sádico. Hizo especial hincapié en que era un criminal incurable.
A penas cumplía los 23 años, y Johann, un joven delgado y de mirada tristona, comparecía ante los tribunales austriacos por los graves cargos de robo, secuestro y asesinato. El panorama no era nada bueno, y los jueces se mostraron inconmovibles ante las peticiones de la defensa. Unterwager fue sentenciado a cadena perpetua.
Algunas fuentes aseguran que cuando Johann entró a prisión, era un ignorante. Que no sabía leer ni escribir; aunque no es muy probable que fuese tan así. De todas formas, tras las rejas, Johann se cultivó y empezó a leer muchísimo. Tras años de lectura, decidió empezar a escribir cuentos, poemas, obras de teatro, entre otros. Su talento era innegable, y pronto comenzó a participar en pequeños concursos, los cuales ganó casi todos.

Las aspiraciones de Unterwager aumentaron y se decidió a publicar su trabajo, siendo premiado en importantes concursos literarios. Lo que parecía un hobbie, se estaba transformando en su motivación para seguir vivo, y no dudó en seguir escribiendo, hasta que su labor comenzó a dar frutos.
Los círculos de intelectuales de Austria empezaron a preguntarse quién era el tal Unterwager, y por qué estaba en la cárcel. El hecho de que su vida hubiese estado marcada por la “desgracia” y que sus obras nacieran desde la soledad de una celda, solo enaltecía el interés de los lectores en torno al misterioso escritor.y sus obras.

En 1984, Unterwager publicó una autobiografía titulada Fegefeuer – eine Reise ins Zuchthaus”, la cual se convirtió, de inmediato, en Best Seller. La vida del asesino condenado a cadena perpetua, quedó plasmada en esas páginas que conmovieron a toda una nación. Si, era culpable; pero también un genio de la literatura que parecía haberse reformado ¿Era justo que permaneciera toda su vida en la cárcel? Muchos pensaron que no.
Fragmento de su autobiografía:
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